Tami Urcia nos cuenta cómo su familia, en particular sus hermanos, se quieren y se apoyan.
El cariño entre hermanos
Hace un tiempo, mis hermanos y yo comenzamos la tradición de reunirnos cada tres o cuatro meses para compartir una comida y una conversación agradable. Solo somos nosotros, los que crecimos juntos bajo el mismo techo, con los mismos padres. Valoro enormemente la fortuna que tengo de que los ocho vivamos a menos de 65 kilómetros de distancia. Sé que hay familias con solo dos hijos, uno que vive en la costa este y otro en la oeste, que solo se ven una vez al año durante las fiestas.
Dios nos ha permitido disfrutar de este tiempo de hermandad adulta para compartir, escucharnos y apoyarnos mutuamente. Algo que surgió recientemente en una de estas reuniones es que ninguno de nosotros tiene una buena situación económica. Todos vivimos al día o, al menos, no tenemos los medios para vivir con lujos. Al reflexionarlo, pensamos que capaz es a propósito, para que cada uno de nosotros tenga la oportunidad de depender plenamente de la gracia de Dios y de acercarnos siempre a Él.
El significado de ser rico
El Evangelio de Lucas 16: 19-31 nos presenta la conocida historia del pobre Lázaro y el hombre rico. En este caso, pobre y rico se referían a su estatus económico, mientras que su estado espiritual era todo lo contrario. La riqueza del hombre rico le permitía disfrutar de comidas exquisitas y comodidades, pero también de arrogancia. Ya no confiaba en Dios, ni tenía una relación con Él, y mucho menos lo amaba. Lázaro, aunque carecía de comodidades humanas, fue recompensado con creces en la vida eterna cuando «los ángeles lo llevaron al seno de Abraham».

Jeremías 17:5 refuerza esta idea: «Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza y aparta del Señor su corazón.… Bendito el hombre que confía en el Señor y en él pone su esperanza. Será como un árbol plantado junto al agua… en año de sequía no se marchitará ni dejará de dar frutos».
Ahora bien, no pretendo vivir en una utopía. Mi familia tiene sus problemas, como cualquier otra. Hemos afrontado tres divorcios en los últimos tres años, padres separados y miembros que lidian con adicciones, enfermedades mentales y problemas de salud crónicos. Tenemos personas sobrecargadas de trabajo y mal pagadas, hijos que no son unos santos y temperamentos que a veces se descontrolan. Sin embargo, a pesar de todo, nos apoyamos mutuamente y tratamos de ayudarnos ha acercar nuestros corazones a Dios y depositar nuestra esperanza en Él. Le pido a Dios para que, sin importar la situación familiar en la que te encuentres, tengas la bendición de hacer lo mismo. Porque «Dichoso [es] el hombre que confía en el Señor».

Copyright/derecho de autor 2026 Tami Urcia, previamente publicado en diocesan.com
Imagen: Canvas
About the Author
Tami Urcia
Tami is a Western Michigander who spent early adulthood as a missionary in Mexico, studying theology and philosophy, then worked and traveled extensively before finishing her bachelor’s degree in Western Kentucky. She loves finding fun ways to keep her five kiddos occupied and quiet conversation with the hubby. Tami works at Diocesan and does Spanish/English translations and guest blogs.

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