Tami Urcia nos anima que la luz de Cristo brille a través de nosotros e ilumine las vidas de quienes forman parte de nuestras comunidades.
¿No te parece que cada vez que encuentras un buen médico que realmente te gusta, se mudan a otro lugar? ¿O cada vez que entras en una rutina tranquila y estable, algo sucede que la desequilibra? ¿O una vez que encuentras ese par de pantalones que te queda perfecto, subes o bajas de peso y ya no te queda bien? Parece que nuestras vidas están en un estado de flujo permanente, nunca constante, siempre cambiante. Sin embargo, no nos gusta esa palabra, ¿verdad? Cambio. Un amigo mío una vez recibió como regalo una taza grande que tenía escritos todos sus sinónimos posibles. Había notado que una y otra vez que a la gente le daba escalofrío cuando mencionaba el cambio, por lo que evitaba decirlo a toda costa.
¿Qué es lo que nos afecta en lo más profundo del cambio? ¿Por qué tan a menudo huimos de él, corriendo hacia lo que está dentro de nuestra zona de confort, lo conocido y familiar? Parte de ello tiene que ver con nuestra tendencia a pecar y parte con el miedo que tenemos a lo desconocido. Si hago algo que nunca he hecho antes, ¿cómo me sentiré? ¿Me lastimaré? ¿Me pondrá triste? ¿O, por el contrario, experimentaré una libertad y una alegría insondables?
¿Alguna vez has pensado en el tremendo cambio que experimentaron Andrés y los otros hombres cuando fueron llamados al discipulado en el Evangelio de Mt 4, 18-22? No dieron ninguna respuesta verbal, no hubo drama ni dudas. Simplemente dice: “Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.” Y nuevamente, “Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.” ¿Puedes imaginar cómo debe haber sido estar en presencia de Jesús, de modo que tan solo unas pocas palabras de invitación fueron todo lo que necesitaron para dejar todo lo que conocían y amaban, su sustento e incluso sus familias? ¡Eso sí que es un gran cambio!
Sin embargo, a todos se nos da el libre albedrío para tomar decisiones en nuestras vidas que también pueden afectarnos a nosotros y a los demás de una manera monumental. Podemos elegir la caridad en lugar de los chismes para mejorar el ambiente de nuestro lugar de trabajo. Podemos elegir controlar el enojo cuando nuestros hijos se molestan entre sí (una vez más), para darles un ejemplo de paciencia como el de Cristo dentro de nuestras familias. Podemos elegir la gratitud en lugar de quejarnos cuando las cosas no salen como queremos, para ayudar a crear una parroquia más positiva. Podemos elegir servir en un ministerio aunque creemos que no tenemos tiempo, para permitir que la luz de Cristo brille a través de nosotros e ilumine las vidas de quienes forman parte de nuestras comunidades.
Señor, muéstranos en cuales áreas de nuestra vida nos estás llamando a hacer un cambio positivo. Concédenos la fuerza que necesitamos para superar las debilidades y el valor que necesitamos para superar los miedos. Aumenta nuestra fe para creer verdaderamente que tu gracia es suficiente para nosotros. Amén.
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