Edgar Agustín Ramos Quispe comparte una reflexión sobre el sufrimiento físico y el alivio espiritual.
Cuentan que se quejaba un día Santa Teresa de Jesús de lo mal que la trataba el Señor con enfermedades, problemas en sus fundaciones, aridez espiritual, entre otras dificultades. A lo que Jesús le dice: “Teresa, así trato yo a mis amigos” y Santa Teresa, con la gracia que le caracterizaba, le responde: “Ah, Señor, por eso tienes tan pocos”
Todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida la enfermedad sea en nuestro propio cuerpo o en el de algún ser querido o amigo. Y no pocas veces esta experiencia nos ha sido difícil de superar, porque implica además del sufrimiento corporal, un sufrimiento espiritual.
Recientemente viví una experiencia de enfermedad, cuya aparición fue repentina y me ocasionó dolores muy fuertes, que no me permitían dormir o realizar mis labores con normalidad. Pero en esta ocasión precisamente decidí ver todo con ojos de fe, por ejemplo: el primer día que me empecé a sentir mal fue un 24 de Setiembre que se celebra a Nuestra Señora de la Merced, entonces supe que debía acogerme a la intercesión de la Santísima Virgen y como hizo nuestro Venerable Padre Peyton, confiar en Ella.
Pasaron los días y creo que el dolor que me afligía más era la preocupación que le causaba a quienes me querían, como es mi familia. Verlos angustiados por lo que me podría suceder, era un dolor silencioso que competía en intensidad con lo que el cuerpo manifestaba en esos momentos.
Resultó que necesitaría una Operación quirúrgica, y fue precisamente el día asignado por los médicos el sábado 03 de Octubre que resultó ser el Primer Sábado de Mes (dedicado a la Santísima Virgen). Es interesante mencionar que todos los meses, en esta fecha, como Centro Ministerial en Arequipa visitamos un hospital donde rezamos el Rosario por los pasillos junto a los enfermos y sus familiares. Y en esta ocasión me tocó a mí ser el enfermo y abandonarme en manos de Aquella Dulce y Amable Señora: María Santísima.
En el Mes de Octubre, en el Perú recordamos al Señor de los Milagros. Una devoción que tengo desde pequeño. Pero también al reverso del anda del Señor, aparece la Santísima Virgen de la Nube, una advocación Ecuatoriana que se remonta al año 1696 en una aparición en el cielo de Quito. Allí la gente que rezaba el Rosario por la salud y recuperación del Obispo Don Sancho Andrade y Figueroa, fueron testigos de la aparición de la Madre de Dios con forma de nubes en el cielo. Y para probar esta aparición milagrosa, el prelado resultó curado. Una providencia y misericordia de Dios es que yo también al ingresar al quirófano por primera vez en mi vida, me encomendé a la Madre de Dios en esta advocación singular, y lo último que ví antes de perder el conocimiento a causa de la anestesia, fue la sombra de una mujer con cabello largo sobre los hombros y una corona encima. Era Ella: mi Reina, mi Princesa y mi Dulce Señora de la Nube la que me asistió como Divina Enfermera en ese momento de Dolor.
Hoy me encuentro recuperándome poco a poco, pero lleno de fe y esperanza en Aquella a quien invocamos como Salud de los Enfermos. Te invito a contemplar la Enfermedad como una oportunidad de entregarnos a Dios. Solo Él sabe y conoce nuestro dolor. Solo Él puede remediar nuestra enfermedad, por medio de la intercesión de María. ¡Ten FE en ellos!
Familia que reza unida permanece unida. Venerable Patrick Peyton, C.S.C.
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