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Pon tu smartphone a los pies del Señor

Written by Hna. Catherine Lucia Phoebe Addington, FSP | Aug 25, 2026, 6:00:00 PM

Hna. Catherine Lucia Phoebe Addington, FSP nos invita a liberarnos de nuestra dependencia en los teléfonos y encontrar la verdadera libertad en Cristo.

Enseñar a nuestros hijos con el ejemplo

En este momento se habla mucho sobre los niños y el tiempo que pasan frente a las pantallas. Titular tras titular anuncia estudios inquietantes sobre los smartphones y la salud mental de los niños, mientras que las redes sociales proclaman opiniones por todos lados. En un ambiente de tal intensidad, no debe sorprendernos que muchas madres sientan como si todos supieran lo que están haciendo… excepto ellas. Pero en medio de todo ese alboroto, sigo notando lo que falta: casi nadie se pregunta cómo nos va a nosotros, los adultos, con nuestras propias pantallas.

Ese silencio me toca profundamente en mi propia vocación. Yo soy hermana religiosa entre las Hijas de San Pablo (o Hermanas Paulinas), consagradas a comunicar el Evangelio en la cultura actual. Pero a pesar de mi llamada misionera, además de toda la ayuda y la formación que he recibido de mi comunidad, todavía me sorprendo a mí misma de vez en cuando con una noche prolongada de doomscrolling. A mi manera, estoy viviendo en mi maternidad espiritual lo que muchas de ustedes viven en su maternidad: sentirme incapaz de ayudar a nadie más mientras mi propia «máscara de oxígeno» yace, sin usar, en mi regazo.

Para la mayoría de las mamás, los límites saludables con la tecnología parecen un lujo imposible. No es como si pudieras dejar tu celular a un lado para tomarte un «día libre» de la crianza de tus hijos. ¿Y si necesitas responder a una llamada de la escuela o de un hijo enfermo? Yo también mantengo mi celular cerca por si una hermana de la comunidad me necesita. Pero sospecho que has vivido lo mismo que yo: la «disponibilidad» constante nos hace estar menos disponibles. Vivir con la atención siempre fragmentada no nos ayuda a estar presentes, ni con nuestras familias ni con Dios.

Y el agotamiento que tantos de nosotras sentimos es precisamente la vulnerabilidad que nuestros teléfonos están diseñados para aprovechar. A menudo recurrimos a nuestras pantallas para darnos un descanso mental pero éstas terminan dejándonos aún más cansadas que antes.

Poniendo en orden nuestras prioridades

Normalmente, aquí es donde un artículo como este pasaría a dar consejos prácticos: cinco sugerencias para cultivar los límites personales, una nueva app para controlar el tiempo frente a la pantalla, una regla más estricta. Y algunas de esas cosas sí ayudan. ¿Honestamente? La cultura digital nos promete estar muy cerca del lifehack o consejo útil que nos va a traer el verdadero bienestar. Es exactamente el tipo de mentira ofrecida por nuestra cultura que no quiero adoptar. Aquí, entre cristianos, se puede afirmar que debemos dejar de intentar ser nuestros propios salvadores.

No tengo ni idea de qué hacer con todo esto, pero conozco a alguien que sí sabe.

Cuando Jesús se puso de pie en la sinagoga de su pueblo natal de Nazaret, dijo que había venido a «proclamar libertad a los cautivos» (Lucas 4,18). Y creo que la mayoría de nosotras, en el fondo, pensamos que él se refiere a otra persona: alguien más pobre, alguien que esté más visiblemente quebrantado. Nos parece que no puede estar hablando de la mujer con una agenda llena y una vida que funciona. Pero él también se refiere a ti. También vino por ti.

Esa falta de libertad que sientes hacia tu celular, hacia tu agenda, hacia tu propio agotamiento… eso no viene de Dios. No tengo un plan de cinco pasos para deshacerlo. Lo que sí tengo es un interrogante: ¿le has preguntado realmente a Dios al respecto? Siempre existe la tentación de espiritualizar todo lo que nos pesa, decidiendo independientemente que todo esto es simplemente lo que Dios quiere para nosotras en el momento. ¿Pero lo hemos verificado con el Señor?

Verdaderamente, esa es mi única sugerencia. Pregúntale a Él. ¿De verdad quiere que vivas así?

Te propongo lo que me ha ayudado a mí: algún día de éstos, lleva tu celular a la iglesia. Colócalo frente al Señor —físicamente— y pregúntale cómo te quiere liberar en este aspecto concreto de tu vida. (Si quieres, incluso puedes pedirle a tu sacerdote que bendiga tu celular. Créeme, hace una gran diferencia tener este dispositivo dedicado al Señor en lugar de tenerlo únicamente en tus propias manos.)

Pídele al Señor libertad y pregúntale qué significará eso para ti. Y confía lo suficiente en ti misma como para quedarte en el silencio que sigue y escuchar a fondo.

 

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