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Un soplo nuevo del Espíritu Santo

Written by Tami Urcia | Aug 4, 2026, 2:00:01 PM

Tami Urcia le pide al Espíritu Santo que rle enueva sus frutis y dones en su vida.

Últimamente le he estado pidiendo al Espíritu Santo que me colme de sus frutos y dones. Como sé que ya me fueron concedidos en el Bautismo y la Confirmación, le pido que los renueve en mí; pues parece que, a medida que envejezco, me vuelvo cada vez menos virtuosa, en lugar de lo contrario.

¿Por qué pierdo la paciencia con mis hijos tan a menudo? ¿Por qué permito que las pequeñas cosas me afecten tan profundamente? ¿Por qué siempre tengo tanta prisa? ¿Por qué no logro aquietar mi mente y mi corazón durante la oración? Si soy una católica practicante, ¿no debería irradiar esos frutos de amor, alegría, paciencia, paz, etc.? ¿Por qué parece tan difícil vivirlos?

Tomando control que no me corresponde

Quizás se deba a que me he encerrado en mí misma, replegándome sobre mis propios caminos y mis propios tiempos, en lugar de permitir que Dios ensanche mi corazón con su voluntad. Tal vez sea porque, una vez más, he intentado tomar el control donde no me correspondía hacerlo. O quizás porque necesito una lección más sobre la confianza.

Sea cual sea la situación en mi vida o en la tuya, lo cierto es que a todos nos vendría bien recibir, de vez en cuando, un soplo nuevo del Espíritu Santo, con todos sus frutos y dones. A todos nos hace falta recordar su presencia constante en nuestras vidas. Todos necesitamos la paz y la alegría que Él nos brinda en medio de este viaje tumultuoso que llamamos la vida.

Somos la luz del Señor

Con su ayuda, podemos seguir las palabras de San Pablo en la primera lectura de hoy: “Sean buenos y comprensivos...Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo...Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz”. Con su ayuda, podemos imitar la compasión amorosa que Cristo mostró al sanar a la mujer tullida en el Evangelio de hoy.

¡Imagina si, por nuestra forma de vivir, lográramos que los demás glorificaran a Dios tal como lo hizo aquella mujer! ¡Imagina si, gracias a nuestra alegría, ayudáramos a otros a alegrarse por todas las maravillas que Él realizó! Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. 

Copyright/derecho de autor 2026 Tami Urcia, previamente publicado en diocesan.com
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